26 años soñando con tu primer gol como profesional... y te llega de rebote, casi sin quererlo. Y lo celebras, como un loco, igualmente. Porque es la magia de la primera vez, llegue en su primer partido o en el número 184. Y porque tu equipo lo necesita. Esa mezcla de sensaciones vivió Marc Aguado el domingo en el Elche-Espanyol.
En el minuto 42, con el marcador 0-1 tras el tempranero tanto de Kike García que había añadido otra losa más de negatividad a la mala racha del Elche, Germán Valera hizo una incursión por la banda izquierda. Una de sus incontables carreras, con un centro que se dirigió a Rafa Mir, pero que despejó Pol Lozano. Dmitrovic, portero del Espanyol, celebró la acción defensiva.
Sin embargo, la jugada continuó. Cabrera fue a alejar el balón de su área, pero su despeje se topó con la presión de Marc Aguado, que había acompañado la transición ofensiva de los suyos desde segunda línea. El trabajo del maño tuvo su recompensa... de la manera menos esperada. El rebote fue el mejor disparo, introduciéndose mansamente en la portería de un Dmitrovic que cambiaba totalmente su gesto en apenas un segundo.
Toda la vida esperando
Marc lo celebró con efusividad, por todo lo que el tanto conllevaba. Salvaba una situación peligrosa, cerca del descanso. Y lo hacía con el primer gol de su carrera en el fútbol profesional. Ni en el Zaragoza ni el Andorra había conseguido ver puerta. Tampoco la mitad del curso pasado en el Elche, en su aterrizaje en la ciudad de las palmeras.
No es ningún secreto que el mediocentro franjiverde no es un 'hombre-gol'. Esta primera diana como profesional le llega en su partido oficial número 184, entre Primera, Segunda, Primera RFEF, Segunda B y Copa del Rey. Y, con unos días de tardanza, supone un regalo especial de cumpleaños, ya que Aguado sopló 26 velas el pasado 22 de febrero. No pudo ganar, pero al menos experimentó esa sensación con la que todo niño sueña: marcar por primera vez.
Su padre, pese a ser defensa, tenía olfato anotador
En la próxima reunión familiar, Marc podrá mirar a los ojos a su padre, Xavi Aguado, y decirle que, por fin, ya conoce esa sensación de marcar como profesional. Su progenitor, leyenda del Real Zaragoza en la década de los 90, una de las más gloriosas de la entidad maña, tenía olfato goleador merced a su notable juego aéreo, pese a ser un rudo central. En total marcó 30 tantos entre todas las competiciones, en 529 partidos como profesional, con una temporada, la 1997-1998, en la que llegó a anotar 6 dianas.