Marcaron una época en el fútbol español. Primero en la selección española. Más tarde, en el Barcelona. Enrique Castro Quini y Juan Manuel Asensi compartieron algo más. Ambos nacieron un 23 de septiembre de 1949. A kilómetros de distancia, uno en Oviedo y otro en Alicante, la vida les tenía guardados muchos momentos juntos. "Solo verle ya te levantaba el ánimo", señala Asensi a LA NUEVA ESPAÑA. El que fuera capitán azulgrana atiende la llamada de este periódico desde Barcelona, con motivo del octavo aniversario del fallecimiento de "Quinocho", como él siempre llamaba al mito rojiblanco.
"Nos peleábamos por ver quién era el más mayor. Me preguntaba a qué hora había nacido y como quería ser el primero, me llamaba por teléfono a las doce de la noche y un minuto para felicitarme. ¡Hasta en eso quería ganarme!", recuerda, entre carcajadas, José Manuel Asensi. Sus palabras contagian la pillería y cariño de quienes conocieron a fondo y formaron parte del círculo cercano del Brujo, de quien habla con devoción. "Estaba todo el rato gastando bromas y repartiendo pellizcos. Menudos pellizcos. Era una persona extraordinaria. Hay poca gente como él", añade.
Si en lo personal, Asensi define a Quini como una persona capaz de ganarse a todo el mundo en poco tiempo, en lo deportivo dice que fue "el clásico delantero centro que hoy echamos de menos ver. Fue un montón de veces (siete) ‘Pichichi’ y lo consiguió siendo un jugador completo. Probablemente no era el más veloz, ni el más potente, pero sabía colocarse, ver la jugada... Era el más listo y un rematador increíble. Ha sido el único futbolista al que he visto marcar de cabeza desde fuera del área".
Asensi, uno de los futbolistas activos en aquella huelga de 1979 que dio paso a la abolición del derecho de retención, recuerda cómo fueron aquellos días junto a Quini. "Él estuvo entre los jugadores de la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles) que decidimos ir a la huelga. Los que teníamos que llevarlo adelante éramos los internacionales, era la manera de demostrar que íbamos en serio y queríamos ayudar a todos los compañeros. El derecho de retención nos perjudicaba a todos. No podíamos salir al extranjero ni movernos. Quini lo padeció porque el Barcelona lo quiso fichar varias veces antes de conseguirlo", recuerda sobre aquel movimiento que terminó con el Brujo vistiendo de azulgrana con 31 años, algo poco habitual en la época.
"No fue nada fácil. Había fallecido Franco hacía poco", continúa Asensi sobre el pulso para acabar con esa norma que permitía a los clubes españoles retener a sus jugadores con una mejora del 10% de su salario. "Todavía estaba la gente con el pensamiento antiguo. Meterles una huelga a los clubes era complicado. Estábamos unidos, fuimos valientes. Juanito nos reunió a todos en la selección y fue artífice importante en que la huelga saliera adelante. Los presidentes de los equipos no querían hablar del tema. Fue un palo fuerte para ellos. Nos amenazaron con no jugar más al fútbol, con terminar en la cárcel. Fue una revolución de la que afortunadamente se han beneficiado quienes llegaron después", apunta sobre el arrojo de una generación, la de Quini, que cambió el fútbol en España.
El recuerdo de Pedro Ruiz
"Estuve todos los días en casa de Quini". Pedro Ruiz ha tenido estos días unas palabras de recuerdo al Brujo, con quien mantuvo una estrecha relación. En particular, cómo vivió su secuestro. "Arturo Fernández, el actor asturiano, estaba trabajando en Barcelona y cuando se produce el secuestro de Quini, voy al teatro y Arturo me dice: ‘Chatín, quiero ir a casa de Quini, porque lo que pasó, fíjate...’. Y acompañé a Arturo a su casa", detalló el también actor y humorista, durante una entrevista concedida a José Ramón de la Morena para su perfil en redes sociales "Fundación J. R. de la Morena". "Subimos a casa de Quini, estaba Marinieves (esposa de Quini). Estaba Óscar Segura (relaciones públicas del Barcelona), Alexanco (excompañero de Quini). Estuvimos cuatro o cinco horas. Todos los días que duró el secuestro estaba con ellos allí", desveló Pedro Ruiz. En la conversación apuntó que "cada vez que sonaba el teléfono, nos salíamos de la habitación", en referencia a los contactos que se mantuvieron con los secuestradores. Quini, secuestrado en marzo de 1981, fue liberado tras 25 días de cautiverio.