En infinidad de cocinas de España descansa todavía una botella de vidrio de color verde o ámbar de los años 40-60, vista como una simple antigüedad, pero que para los coleccionistas de vidrio antiguo se ha convertido en una pieza codiciada por su forma, color y marcas de origen.
La rareza del vidrio antiguo
Estas botellas, usadas para refrescos, medicinas o salsas por marcas como Coca-Cola o farmacias locales, destacan por su vidrio soplado a mano o con burbujas internas, detectable al trasluz, y varios elementos imperfectos en la base que evidencian su producción preindustrial.
Procedentes de tiradas masivas para consumo diario hace muchas décadas, su escasez actual radica en que pocas sobrevivieron intactas. Precisamente, ese y otros motivos han convertido a estas botellas y otros botes de vidrio en auténticos tesoros para los coleccionistas, dispuestos a pagar mucho dinero por ellas.
De no tener ningún valor, con el paso de los años hemos visto cómo algunos ejemplares perfectos superan fácilmente los 150 euros de precio en mercados especializados, llegando a 500 o más si son de formas cónicas raras o con etiquetas originales legibles.
En portales habituales de compraventa de segunda mano, se piden entre 100 y 300 euros por botellas de estilo que mantengan un buen estado, priorizando los colores más llamativos y los tamaños medianos, con compradores que las usan para sus vitrinas o para decoración industrial.
Si conservas algunas de estas botellas antiguas en algún lugar, límpialas suavemente con agua destilada, revisa la base y las burbujas bajo el sol, y si piensas que estás ante una pieza que puede tener algún valor, acude a expertos en vidrio para certificar su estado, color auténtico y procedencia.
El auge del coleccionismo de vidrio antiguo refleja cómo algunos elementos de la posguerra se se han terminado convirtiendo en una especie de arte muy valorado, impulsado por un nuevo tipo de estética y por el valor de la nostalgia, siempre importante.