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Llegan de todas partes: historias del celtismo en Friburgo

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El Celta los ha convocado y llegan desde todos los lugares. Desde la Galicia litoral e interior. Desde Madrid y Praga. Desde lo que se hereda y lo que se contagia. Desde el presente y el pasado. Desde la esperanza y la nostalgia. Siguen llegando, a la alegría y el dolor. Al instante y al recuerdo. A Friburgo esta vez y lo que aguarde mañana.

Ya de vísperas se les había sentido en las cervecerías y restaurantes del centro. En uno de ellos brindan Suso y Juanjo. Viajeros históricos, de los que acompañaron al equipo en sus chárters del cambio de siglo, desde aquella expedición iniciática a la rumana Pitesti. Estuvieron en las aventuras más exóticas o arriesgadas, también años más tarde, en la etapa de Berizzo. «Los héroes de Jarkov, nos llamábamos», relata Suso. Al Metalist, a contemplar aquel 0-2 sobre el Shakhtar, sólo acudieron 16 aficionados. «En Krasnodar fuimos 35».

«Todo es diferente, no cabe duda», admite Suso. «El Celta se ha profesionalizado y nosotros tenemos más edad. Aunque no podamos viajar con el club, no importa, aquí estamos. Hoy en día hay muchas más posibilidades, la gente joven está ilusionada con el equipo y trata de buscarse la vida mucho antes, con aviones más económicos».

Añora Suso a Marta Souto o Luis Vázquez, amigos y compañeros frecuentes en aquellas singladuras, que se fueron soñando con una última victoria al final del camino. «Estamos más ilusionados. Ahora nos viene la onda aquella que teníamos con Berizzo de poder haber ganado algún título. Es lo que intentamos disfrutar y nada más».

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De mañana, ante el hotel del equipo y bajo un sol impetuoso, aguarda Santi. Estudiante de periodismo en Madrid, ha viajado en autobús durante toda la noche. Nació en Tomiño en 2005, tan sólo cuatro años después que Pablo Durán, cuya camiseta viste y con cuya prima fue al colegio. «Pablo Durán es un referente y ha acercado mucho más al Celta a Tomiño», asevera el joven, que podrá fotografiarse con su paisano.

Reunión familiar

Varios jugadores han salido a pasear por el casco antiguo, donde ya prolifera el arcoíris céltico, del celeste al rosa. De Tomiño, de la parroquia de Figueiró, proceden también el clan de los Guerreiro, aunque su itinerario ha diferido. Carlos y su familia se han reunido con su primo Rafael, que reside en la francesa Auxerre y fue futbolista profesional. «Como el jugador del Bayern», bromea Carlos por su tocayo.

Los Guerreiro están recorriendo las callejuelas y placitas. También miembros de las peñas Dezaos y Le-Chuzas, con su presidenta, Marta Saiz, al frente. Su escala fue en Milan y ni siquiera un túnel cortado los ha frenado. El murmullo del mercadillo que mantiene la tradición medieval se detiene. Las campanas de la catedral compiten con las del ayuntamiento. Las están escuchando el abuelo Jorge y su nieto Héctor, llegados desde O Grove, con avión Santiago-Basilea. El eslabón intermedio, el padre Sebas, está aparcando el coche.

El celtismo ha sido para ellos un legado que se encadena. Pero es también una pasión que se puede transmitir. El vigués Andrés y la ponteareana Paula están de erasmus en Praga. Acaban de padecer once horas de autobús para asistir al partido. Ya acudieron al de Lyon. Y como entonces, los han acompañado el alicantino Luis y el emeritense David. «Nos están contagiando el celtismo», se resigna Luis, sonriente. Llegan. Siguen llegando.

Fuente original: www.sport.es →